Los pulmones son órganos asombrosos. Para comprenderlos, piensa en un árbol con dos ramas principales que se separan del tronco y luego se dividen en ramas cada vez más pequeñas hasta que, de las ramas diminutas, brotan hojas. Pon el árbol al revés, redúcelo al tamaño de un cofre y tendrás la imagen de un pulmón donde el tronco sería la tráquea y las hojas los alvéolos (bolsas de aire donde los pulmones y el torrente sanguíneo intercambian oxígeno y dióxido de carbono).

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Los pulmones evolucionaron para calentar y humedecer el aire que se inhala a la temperatura y humedad del cuerpo sin dañar el tejido. Dicho calentamiento y humidificación del aire ocurre rápidamente, comenzando en la boca y la nariz, alcanzando la temperatura corporal y el 100 por ciento de humedad antes de que el aire llegue demasiado profundo al «árbol» respiratorio. Conforme el aire se mueve más hacia los alvéolos, que están en contacto directo con los vasos sanguíneos, se lleva a cabo el intercambio de oxígeno por dióxido de carbono. Esto hace que el aire inspirado enfríe el tejido pulmonar, y que el aire expirado añada algo de calor a los tejidos enfriados cuando sale del pulmón.

Cabe señalar que el aire frío es muy seco. La sensación de ardor que sientes al respirar aire frío probablemente se deba a la combinación del intercambio de calor y agua que se produce rápidamente durante la inspiración del aire frío y seco. Para la mayoría de las personas, tal sensación desaparece después de realizar algunas respiraciones. Hasta el momento, se sabe que no causa daño en un pulmón sano, pero puede desencadenar un broncoespasmo en las personas con asma. A mucha gente le preocupa que el tejido pulmonar se congele en el aire frío, pero la extensa red de flujo sanguíneo que existe a través del tejido pulmonar parece evitar que esto ocurra.

En conclusión, los pulmones tolerarán temperaturas extremadamente frías sin que sufran daño. Por ejemplo, muchos corredores que viven en lugares con temperaturas bajo cero parecen haber desarrollado un sistema resistente que los protege de los elementos fríos.

RECUERDA: Si el aire frío te molesta durante el ejercicio, un truco que puede ayudarte es usar una bufanda, pasamontañas o mascarilla para ayudar a «precalentar» el aire antes de respirarlo. Utiliza un pasamontañas para mantener tu rostro más cálido en condiciones que sean muy frías, así como para evitar la congelación en tus mejillas. Existen muchos diseños que cuentan con materiales adicionales sobre la boca y la nariz para precalentar el aire.

En síntesis, puedes hacer ejercicio en condiciones de frío sin temor a dañar tus pulmones, y la sensación de ardor pasará eventualmente.

 

Fuente: Runner’s World

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