Para empezar hay que dejar algo en claro: hacer ejercicio durante el embarazo es seguro, y los expertos lo recomiendan, debido a los beneficios que aporta tanto a la madre como al futuro bebé.

El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG, por sus siglas en inglés) recomienda realizar ejercicio durante el embarazo por lo menos de 20 a 30 minutos al día, todos los días a la semana que se pueda.

Su práctica reduce el riesgo de diabetes gestacional, parto prematuro, preeclampsia, tener un bebé de peso elevado al nacer y la necesidad de una cesárea. También puede mejorar el desarrollo del cerebro del bebé.

Ahora, si eres runner, recuerda que correr es considerado un ejercicio de intensidad media-alta, por lo que, aunque se puede seguir realizando estando embarazada, siempre se recomienda que esté supervisado por un profesional.

Durante el embarazo se debe correr de manera suave y sin excesos. La mejor etapa para realizarlo es durante los primeros dos trimestres. Durante el tercer trimestre del embarazo es cuando se debe bajar más el ritmo, indicó Flor María Trujillo, fisioterapeuta obstétrica especialista en programas de preparto, postparto y rehabilitación de suelo pélvico.

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Las futuras mamás deben centrarse más en medir sus logros en minutos y no tanto en kilómetros recorridos. “Si notas que tu cuerpo te pide reposo debes de escucharlo y centrarte en actividades más tranquilas”, puntualizó la especialista.

Es importantísimo que realices la actividad con mucha calma y siempre siguiendo las indicaciones de un profesional especialista; y en caso de notar molestias, no debes dudar en contactar con él”, recomendó.

Al correr durante el embarazo, las futuras mamás van a empezar a notar que sudarán más rápido, así que deben asegurarse de mantenerse bien hidratadas y usar ropa suelta. Durante los días calurosos quizá la mejor idea sea entrenar en interiores, particularmente en el primer trimestre, cuando la temperatura corporal suele ser más alta.

Finalmente, los expertos subrayan que las runners embarazadas no tienen necesidad de controlar su ritmo cardíaco. Pueden medir su esfuerzo mediante el ritmo de conversación. Es decir, si puedes hablar y sentirte bien, puedes continuar corriendo a ese ritmo.

 

Fuente: Runner’s World

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